El cirujano estético. La imagen que está en tu cabeza, a veces no es posible

Me gustaría ejemplificar la filosofía con la que aplico la práctica médica en el campo de la Cirugía Estética. Lamentablemente son miles, millones de personas, las que creen que NINGÚN cirujano estético dice NUNCA que NO a NADIE y que siempre lo intervenimos todo. Es decir, que os metemos a quirófano sin criterio propio, sin preguntar, sin pensar, sin sentir, sin nada…solo nos movemos por el aspecto económico. Pues bien, no es así, al menos yo no trabajo así, no es mi filosofía.

En esta ocasión nos vale de ejemplo una madre que acude a consulta con su hija de 15 años, porque quería que le hiciese una rinoplastia a la hija, quería quedarse con una nariz muy pequeña. Muchas de sus amigas se habían operado también, cosa que a mi no me justifica una intervención por supuesto.

Visto desde el punto de vista estrictamente técnico, efectivamente puede que le sobrara un poco de dorso óseo (lo que vulgarmente se conoce como «giba») y que realmente no fuera una nariz perfecta , o dicho de otra manera, que podría ser operada. Si, anatómicamente podía cambiarla. Pero cuando entramos en quirófano no todo se trata de anatomía. Yo con esta chica tuve que valorar:

  • La propia indicación quirúrgica (como llevar a cabo la intervención).
  • Sus deseos desproporcionados en cuanto al resultado.
  • La personalidad y el desarrollo emocional de la niña (y digo bien, era una niña aún).
  • Y sobre todo, que tenía un gran complejo instaurado por la madre.

Mi labor como Doctora aquí es bien clara y se puede resumir en una pregunta: ¿sonreirá la paciente tras la intervención? Después de valorar si es una rinoplastia coherente lo que se me pide, es mi trabajo averiguar si cumpliré expectativas . Y en este caso lo que se me pedía iba a desembocar en descontento por no poder (no querer) llegar al resultado poco natural e incluso peligroso que se demandaba.

En estos momentos de «dar un NO» es importante hablar con delicadeza y argumentar mi postura. Me costo explicarle a la madre, que venia recomendada y confiaba mucho en mi, el porque no quería operarla.

¿Como explicar algo que tu ves obvio?, pues con paciencia. Les comenté que no iba a ver la nueva nariz bonita, que supondría muchos riesgos para la salud (física o mental) el intentar conseguir en quirófano los rasgos que creen poder conseguir en su mente.

Hay pacientes que agradecen que les arrojes algo de luz en sus propios pensamientos y percepciones, pues llevan meses o años dándole vueltas a la cabeza sin demasiada guía o ayuda profesional. Aunque sea para convencerlas de que no deberían operarse, sino buscar mirarse de otra manera o replantear sus cánones de belleza para una parte concreta del cuerpo. Otros pacientes, sin embargo, nada más salir de nuestra consulta con un «no» bajo el brazo, piden cita con otro cirujano estético especializado en rinoplastia, esperando que allí puedan atender a sus demandas.

 Teléfono de consulta (+34) 954 46 40 58

 

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